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EUROPA A MEDIADOS DEL SIGLO XVIII
«En el Occidente aparece definitivamente constituida la monarquía del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, regida por la dinastía de los Hánover, con régimen parlamentario y gran expansión comercial y colonial. Francia, bajo Luis XV, adquiere casi sus fronteras actuales, a excepción de Niza y Saboya; todavía le falta el ducado de Lorena, cuya anexión se ha preparado por el tratado de Viena de 1738. Las monarquías de la Península Hispánica, España y Portugal, tienen sus límites modernos, salvo Menorca, en posesión de los ingleses y Olivenza, de Portugal. En el centro de Europa, el Imperio alemán sólo existe de nombre. La hegemonía en el Reich la detenta Austria, cuyas posesiones comprenden, además de Silesia, Bohemia y Hungría, los Países Bajos, antes españoles, y Milán. Además, el gran ducado de Toscana (Florencia), está bajo su influjo. No obstante, en el Imperio aparece el Estado de Prusia, cada día con mayor vigor. En Italia existen, fuera de la influencia austriaca, el reino de Cerdeña, con Saboya y el Piamonte; el de las Dos Sicilias, bajo los Borbones, y, en plena decadencia, la república de Venecia, con Dalmacia. En Oriente,
el Imperio turco se presenta todavía como una gran masa territorial,
aunque en las luchas con Austria haya perdido gran parte de Hungría y
el Banato de Temesvar. En cambio, el Imperio ruso acrecienta sus
ambiciones territoriales, dirigidas contra Suecia y Polonia. Estos dos
Estados se hallan en trance de disgregación, a causa de las rencillas
políticas internas entre la realeza y los nobles.» |
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EL IMPERIO DE LOS FRANCESES
Notas:
1) Francia antes
de la Revolución; 2) Conquistas durante la Convención; 3) Anexiones de
la época de Napoleón; 4) Límites del Imperio; 5) Reinos y países
liberados por Francia; 6) Estados amigos u ocupados; 7) Estados aliados. |
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EUROPA EN 1815
«El
Congreso de Viena, que clausuró la época de las guerras napoleónicas,
restauró el mapa de Europa a base de dos principios contrapuestos: el
de la legitimidad y el de las apetencias de expansión de los Estados
vencedores. De este modo surgió una nueva ordenación política del
continente, destinada a durar hasta la unificación de Italia y
Alemania. Su rasgo más evidente es la simplificación del mapa europeo.
Los hechos territoriales más
notables son, sin duda, la desaparición del Estado polaco, absorbido
por Rusia, Austria y Prusia, y la constitución de las monarquías sueco-noruega
y belgo-holandesa. La primera castigaba a Dinamarca por el apoyo
prestado a Napoleón y la segunda tendía a formar un bloque político
que taponara una posible agresión francesa en los Países Bajos.
Respecto a Rusia, se le reconocieron las anexiones de Besarabia y
Finlandia; Austria, por su parte, se incorporó, la Galitzia polaca,
Venecia y sus posesiones adriáticas, formando el reino Lombardovéneto.
También Prusia logró un gran aumento de su territorio, no sólo con la
mitad del reino de Sajonia, sino con la importante región de Renania,
fronteriza con Francia y el nuevo reino de los Países Bajos. En
cambio, los diplomáticos de Viena no recogieron el manifiesto
sentimiento nacional unitario que animó a los patriotas de Alemania en
1812, por lo que el país continuó disgregado en varios reinos y
principados, bajo una innocua Confederación Germánica. Sus principales
miembros fueron Austria, Prusia, Baviera, Sajonia, Wurtemberg, Hannóver
y Baden.» |