
Su
fiesta, junto con los arcángeles Gabriel y Rafael,
se celebra el 29 de Septiembre
Se le representa con el traje de guerrero
o de soldado centurión, como Príncipe de Milicia Celestial que es.
Un caso muy
conocido y auténtico es la asistencia que este arcángel dio en la
extraordinaria misión que el Señor le había encomendado a Juana de Arco de
ayudar al rey francés a restaurar la paz y prosperidad en Francia y expulsar a
los enemigos de su territorio. La presencia de San Miguel es bastante lógica,
pues es él quién asume los asuntos militares en las huestes celestiales. De
hecho, el resguardo de las puertas de el Paraíso han quedado a su cargo. Con
seguridad debió ser él quien instruyera a Juana acerca de los asuntos de
batalla o quien sirviera de medio para proporcionar a Juana la gran intuición
militar que demostró en las campañas emprendidas para hacer de Francia una
nación unida.
¿Quién es San Miguel Arcángel?
San Miguel es uno de los siete arcángeles y está entre los
tres cuyos nombres aparecen en la Biblia. Los otros dos son Gabriel
y Rafael. La Santa Iglesia da a San Miguel el más alto lugar
entre los arcángeles y le llama "Príncipe de los espíritus
celestiales", "jefe o cabeza de la milicia
celestial". Ya desde el Antiguo Testamento aparece como el gran
defensor del pueblo de Dios contra el demonio y su poderosa defensa continúa en
el Nuevo Testamento.
Muy apropiadamente, es representado en el arte como el ángel
guerrero, el conquistador de Lucifer, poniendo su talón sobre la cabeza del
enemigo infernal, amenazándole con su espada, traspasándolo con su lanza, o
presto para encadenarlo para siempre en el abismo del infierno.
La cristiandad desde la Iglesia primitiva venera a San Miguel
como el ángel que derrotó a Satanás y sus seguidores y los echó del cielo
con su espada de fuego.
Es tradicionalmente reconocido como el guardián de los ejércitos
cristianos contra los enemigos de la Iglesia y como protector de los cristianos
contra los poderes diabólicos, especialmente a la hora de la muerte.
La Fidelidad de San Miguel para con Dios
El mismo nombre de Miguel, nos invita a darle honor, ya que
es un clamor de entusiasmo y fidelidad. Significa "Quién como
Dios".
Satanás tiembla al escuchar su nombre, ya que le recuerda el
grito de noble protesta que este arcángel manifestó cuando se rebelaron los ángeles.
San Miguel manifestó su fortaleza y poder cuando peleó la gran batalla en el
cielo. Por su celo y fidelidad para con Dios gran parte de la
corte celestial se mantuvo en fidelidad y obediencia. Su fortaleza inspiró
valentía en los demás ángeles quienes se unieron a su grito de nobleza:
"¡¿Quién como Dios?!." Desde ese momento se le conoce como el capitán
de la milicia de Dios, el primer príncipe de la ciudad santa a quien los demás
ángeles obedecen.
San
Miguel en el Nuevo Testamento
La posición de San Miguel es muy importante en el Nuevo
Testamento. Con sus ángeles, el libra la batalla victoriosa contra Satanás y
los ángeles rebeldes, los cuales son arrojados del infierno. Es por eso
venerado como guardián de la Iglesia.
"Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel
y sus Ángeles combatieron con el Dragón. También el dragón y sus ángeles
combatieron pero no prevalecieron y no hubo ya en cielo lugar para ellos. Y
fue arrojado el gran Dragón, la serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás,
el seductor del mundo entero" - Apocalipsis 12,7-9
La carta de Judas se refiere a San Miguel en
batalla contra Satanás.
El honor y la veneración a San Miguel, como testifican los
padres de la Iglesia, ha sido parte esencial de la vida de la Iglesia desde sus
inicios. Se le han atribuido un sin numero de beneficios espirituales y
temporales. El emperador Constantino, atribuyó a este arcángel, las victorias
sobre sus enemigos y por ello le construyo cerca de Constantinopla una magnifica
iglesia en su honor. Esta se convirtió en lugar de peregrinación y muchos
enfermos recibieron sanación gracias a la intercesión de San Miguel.
San
Miguel y la Eucaristía
Se nos enseña en la Tradición que San Miguel preside el
culto de adoración que se rinde al Altísimo y ofrece a Dios las oraciones de
los fieles simbolizadas por el incienso que se eleva ante el altar. La liturgia
nos presenta a San Miguel como el que lleva el incienso y esta de pie ante el
altar como nuestro intercesor y el portador de las oraciones de la Iglesia ante
el Trono de Dios. En el Canon #1 de la Misa: "que tu ángel presente ante
Ti las oraciones de tu Iglesia"
Es muy interesante notar en las apariciones marianas que han
incluido manifestaciones de San Miguel, que su relación con la Eucaristía, y a
la adoración debida a Jesús Eucarístico y a la Santísima Trinidad:
Fátima: En 1916 se les aparece el ángel
por primera vez. Se arrodilla en tierra inclina la frente hasta el suelo y pidió
que oraran con el: "Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido
perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no Te aman".
Segunda aparición: "¡Rezad, rezad mucho. Los corazones
de Jesús y María tienen sobre vosotros designios de misericordia. Ofreced
constantemente oraciones y sacrificios al Altísimo!"
Tercera aparición: Se aparece con un cáliz en sus manos
sobre el cual esta suspendida una Hostia, de la cual caían gotas de sangre al cáliz.
Dejando el cáliz y la hostia suspensos en el aire, se postró en tierra y
repitió tres veces: "Santísima Trinidad, Padre , Hijo y Espíritu Santo,
te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y
Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del
mundo, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que El
mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y del
Corazón Inmaculado de María te pido la conversión de los pobres
pecadores".
Después se levantó y dio la Hostia a Lucia, y el contenido
del Cáliz a Jacinta y Francisco, diciendo al mismo tiempo: "Tomad el
Cuerpo y bebed la Sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres
ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios.
San
Miguel, defensor de los moribundos
San Miguel continua su ministerio angélico en relación a
los hombres hasta que nos lleva a través de las puertas celestiales. No solo
durante la vida terrenal, San Miguel defiende y protege nuestras almas, el nos
asiste de manera especial a la hora de la muerte ya que su oficio es recibir las
almas de los elegidos al momento de separarse de su cuerpo.
En la liturgia la Iglesia nos enseña que este arcángel esta
puesto para custodiar el paraíso y llevar a el a aquellos que podrán
ser recibidos ahí. A la hora de la muerte, se libra una gran batalla,
ya que el demonio tiene muy poco tiempo para hacernos caer en tentación, o
desesperación, o en falta de reconciliación con Dios. Por eso es que en estos
momentos se libra una gran batalla espiritual por nuestras almas. San Miguel,
esta al lado del moribundo defendiéndole de las asechanzas del enemigo.
Anécdota: San Anselmo cuenta de un
religioso piadoso que a punto de morir recibía grandes asaltos de demonio. El demonio se le apareció acusándole de todos los pecados que había cometido antes de su bautismo (tardío). San Miguel se aparece y le responde que todos esos pecados quedaron borrados con el Bautismo. Entonces Satanás le acusa de los pecados cometidos después del Bautismo. San Miguel le contesta que estos fueron perdonados en la confesión general que hizo antes de profesar. Satanás, entonces, le acusa de las ofensas y negligencias de su vida religiosa. San
Miguel declara que esos han sido perdonados por sus confesiones y por todos los buenos actos que hizo durante su vida religiosa, en especial la obediencia a su superior, y que lo que le quedaba por expiar lo había hecho a través del sufrimiento de su enfermedad vividos con resignación y paz.
En los escritos de San Alfonso de Ligorio encontramos: "Había un hombre polaco de la nobleza que había vivido muchos años en pecado mortal y lejos de la vida de Dios. Se encontraba moribundo y estaba lleno de terror, torturado por los remordimientos, lleno de desesperación. Este hombre había sido devoto de San Miguel Arcángel y Dios en su misericordia permitió que este arcángel se le apareciera. San Miguel le alentó al arrepentimiento, diciéndole que había orado por él y le había obtenido mas tiempo de vida para que lograra la salvación. Al poco rato, llegan a la casa de
este hombre dos sacerdotes dominicos, que dijeron se les había aparecido un extraño joven pidiéndoles que fueran a ver a este hombre moribundo. El hombre se confesó con lágrimas de arrepentimiento, recibió la Santa Comunión y en brazos de estos dos sacerdotes murió reconciliado con Dios.
ORACIONES A SAN MIGUEL
Oración a San Miguel Arcángel
Arcángel San Miguel, defiéndenos
en la lucha;
sé nuestro amparo contra la
perversidad
y asechanzas del Demonio
Reprímale Dios, pedimos
suplicantes.
Y tú, Príncipe de la
Milicia celestial,
arroja al Infierno, con el
divino poder,
a Satanás y a los otros espíritus
malignos
que andan dispersos por el
mundo
para la perdición de las
almas.
Amén.
La oración a San Miguel del Papa
León XIII
En Octubre 13, 1884, el Papa León XIII, experimento una visión
horrible. Después de celebrar la Eucaristía, estaba consultando sobre ciertos
temas con sus cardenales en la capilla privada del Vaticano cuando de pronto se
detuvo al pie del altar y quedo sumido en una realidad que solo el veía. Su
rostro tenia expresión de horror y de impacto. Se fue palideciendo. Algo muy
duro había visto. De repente, se incorporo, levanto su mano como saludando y se
fue a su estudio privado.
Lo siguieron y le preguntaron: ¿Que le sucede su Santidad?
¿Se siente mal?
El respondió: "¡Oh, que imágenes tan terribles se
me han permitido ver y escuchar!", y se encerró en su oficina.
¿Qué vio León XIII? "Vi
demonios y oí sus crujidos, sus blasfemias, sus burlas. Oí la espeluznante voz
de Satanás desafiando a Dios, diciendo que el podía destruir la Iglesia y
llevar todo el mundo al infierno si se le daba suficiente tiempo y poder. Satanás
pidió permiso a Dios de tener 100 años para poder influenciar al mundo como
nunca antes había podido hacerlo." También León XIII pudo comprender que
si el demonio no lograba cumplir su propósito en el tiempo permitido, sufriría
una derrota humillante. Vio a San Miguel Arcángel aparecer y lanzar a Satanás
con sus legiones en el abismo del infierno.
Después de media hora, llamo al Secretario para la
Congregación de Ritos. Le entrego una hoja de papel y le ordenó que la enviara
a todos los obispos del mundo indicando que bajo mandato tenía que ser recitada
después de cada misa, la oración que ahí él había escrito. Esta práctica
fue obligatoria hasta el Concilio Vaticano II, que como sabemos fue de
inspiración masónica.
| La
oración a San Miguel del Papa León XIII |
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Princeps gloriosissime caelestis militiae, sancte Michael Archangele,
defende nos in praelio adversus principes et potestates, adversus mundi
rectores tenebrarum harum, contra spiritualia nequitiae, in caelestibus.
Veni in auxilium hominum; quos Deus ad imaginem similitudinis suae fecit,
et a tyrannide diaboli emit pretio magno.
Te custodem et patronum sancta veneratur Ecclesia; tibi tradidit Dominus
animas redemptorum in superna felicitate locandas.
Deprecare Deum pacis, ut conterat satanam sub pedibus nostris, ne ultra
valeat captivos tenere homines, et Ecclesiae nocere.
Offer nostras preces in conspectu Altissimi, ut cito anticipent nos
misericordiae Domini, et apprehendas draconem, serpentem antiquum, qui
est diabolus et satanas, et ligatum mittas in abyssum, ut non seducat
amplius gentes.
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Gloriosísimo
príncipe de los ejércitos celestiales, San Miguel Arcángel, defiéndenos
en el combate contra los principados y las potestades, contra los
caudillos de estas tinieblas del mundo, contra los espíritus malignos
esparcidos en los aires (Ef. 6,10-12).
¡Ven en auxilio de los hombres que DIOS hizo a su imagen y semejanza, y
rescató a gran precio, de la tiranía del demonio!
A tí venera la Iglesia como su guardián y patrono. A tí confío el Señor
las almas redimídas para colocarlas en el sitio de la suprema
felicidad. Ruega, pués, al DIOS de paz que aplaste al demonio bajo
nuestros pies, quitándole todo poder para retener cautivos a los
hombres y hacer daño a la Iglesia.
Pon nuestras oraciones bajo la mirada del Altísimo a fin de que
desciendan cuanto antes sobre nosotros las misericordias del Señor, y
sujeta al dragón, aquella antigua serpiente, que es el diablo y Satanás,
para precipitarlo encadenado a los abismos, de manera que no pueda nunca
más seducir a las naciones (Ap. 20). |
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