LA FAMILIA TEJERO
Así es y así vive




Reportaje aparecido en el "HERALDO ESPAÑOL" la semana del 19 al 25 de marzo de 1981

Entro en casa del Teniente Coronel D. Antonio Tejero Molina. Mi primera impresión, al entrar en el ascensor, es que me encuentro en una de las casas más modestas de los barrios más modestos de Madrid. ¿No decían que los militares lo tenían todo y vivían como principes? Es una casa para militares en la que me encuentro , muy cerca de la Dirección General de la Guardia Civil. Quiero borrar de mi mente todo cuanto se refiere a lo sucedido el 23 de febrero. Los Tribunales de Justicía hablarán sobre ello con mucho más fundamento de lo que lo puedo hacer yo. A mí me interesa solamente cómo vive, cómo es la familia de este militar que ha pasado a la historia. He tenido, luego, que vencer a la resistencia de una mujer, Carmen Diez de Tejero, esposa del Teniente Coronel, sobre la que ha recaido un gran deber.


-No, por favor, no quiero nada de publicidad. Bastante habla la prensa de mi marido y pocas, muy pocas cosas de lo que dice son verdad

Sobre mí, los ojos de tres de los hijos del ilustre militar. Son los más pequeños de los seis hijos habidos en el matrimonio. Las dos mayores, Carmen y Dolores, de 23 y 22 años respectivamente, están casadas. Luego viene Antonio, de 21 años, que cursa, como su padre, la carrera militar en la Academía Militar de Zaragoza. Luego, con 19 años, Elvira. Y luego Ramón, de 16, y Juan, de 12. El saloncito donde me acogen está todo él lleno de emblemas y recuerdos militares. El Testamento de Franco, una placa de plata con el texto de la carta que el Teniente Coronel Tejero dirigió a Su Majestad pidiendole que no se derramase más sangre de soldados y Guardias Civiles en el norte y que le costó catorece días de arresto.(ver carta AQUÍ) Y más placas de adhesión desdicadas por los hombres que tuvo bajo su mando cuando estuvo en la comandancia del "País Vasco" (VASCONGADAS), de Málaga... . Noto, a través de toda la conversación, una mezcla de orgullo y de tristeza. Un orgullo que sin esconderse se palpa en el ambiente; sin ostentación, qu en casa de la familia Tejero no se hace ostentación de otra cosa que de unidad , de modestia, de estudio y de trabajo.


-¿Dias dificiles, Carmen? - pregunto.

-Dias de soledad. Son muchas, sí, las personas que vienen continuamente a hacernos compañia y a todas ellas se lo agradezco en el alma. Pero, en el fondo, nos sentimos solos.


Ramón, a sus dieciseis años, se ha convertido en el guardian de las tradiciones familiares. Guarda todos los recortes de los periódicos, todas las fotografías. Repasamos el álbum familiar. Centenares de fotografias pasan ante mis ojos, desde los años mozos del Teniente Coronel Tejero. Cada acontecimiento familiar, cada efemérides en su carrera militar, se conservan con veneración. Carmen, la esposa de Don Antonio Tejero , es maestra. Sale de casa muy temprano y vuelve tarde, muy tarde, porque tiene que ocuparse de los asuntos de la casa. El pequeño, Juan, estudia sexto curso de E.G.B. Ramón también estudia.


-Muchas tardes -me dice- tengo que dejar el teléfono descolgado, porque en caso contrario, no podía estudiar-


-¿Qué quieres ser el día de mañana? - le pregunto.


- No lo sé. Estoy un poco decepcionado... Pero papá me decía siempre que los hombres no importan, que lo único importante es España. Y España, nos lo ha dicho siempre, no e sun pedazo del mundo, sino que es el conjunto de sus hombres, sus pueblos, sus santos, sus mártires, su historia.


Pocos hombres como los militares, pocas familias como las familias de los militares, pueden pueden amar a España como estos hombres y estas familias la aman. Su carrera militar les ha llevado siempre de un lugar para otro y en cada provincia de España, en cada rincón, han dejados sus girónes, sus recuerdos, parte de su cida y de su ser, y en cada pueblo o en cada rincón, ese recuerdo se ha convertido en el nacimiento de un nuevo miembro de la familia.. Así. por ejemplo, en la familia Tejero, las dos mayores nacieron en Melilla, Antonio en La Cañiza, Elvira, también en Melilla; Ramón en Canarias y el pequeño, en Badajoz.


- Y, de todos esos lugares, ¿de cual guardáis mejor recuerdo?


Se miran entre ellos y me da la impresión de que han echado raices que es dificil. muy dificil, escoger. Sin embargo...


-Aquellos días de nuestra estancia en Badajoz... - me dices Elvira, que estudia Magisterio-. Allí, mi padre podía dedicarse a sus aficiones. Mira - y me enseña unos cuadros en la pared- esos cuadros los ha pintado mi padre. Allí cultivábamos un trozo de campo, y recogíamos las judías y papá, al que le gusta mucho la albañileria, levantó nuestra casa. También es muy aficionado a la filatelia. Y sobre todo a los temas militares.


Todos los hombres, creo yo, nos hemos movido siempre en la vida por una obsesión que muchas veces permanece en el subsconsciente y qué es el auténtico motor de todas y cada una de nuestras acciones. ¿Cuál ha sido ese motor en la vida de este militar sobre el que hoy habla todo el mundo?


-¡España! y me lo dicen todos a la vez. Y añade Ramón: -...y la Guardia Civil. Cada vez que asesinaban a un Guardia Civil, papá no podía contener el dolor y la rabia. Ten en cuneta que a muchos de ellos los conocía por haberles tenido a sus órdenes en San Sebastián o en Vitoria.


También todos tenemos unas fechas que son para cada uno el día más grande, el día más decisisvo.

-El nuestro, sin lugar a dudas, fue el día en que papá volvió a besar la bandera. Fue en el pasado mes de octubre. Fue emotivo el momento en que, al llegar a la Bandera Nacional, la cogió en su mano con fuerza y estampó een ella un beso que a todos nos llegó a lo más profundo de nuestro ser.

Elvira trae unas tazas de café. Se sienta junto al montón de álbunes de fotografías.

-Aquó está papá con mi obrino, el hijo de mi hermana Carmen. Ya está otro en camino. Y aquí está papá con mi hermana bailando... Y aquí estabamos en Málaga... Le acababan de dejar disponible por lo de la "ikurriña", y nos fuimos todos a Málaga. Allí están mis abuelos.

Y saltan las anécdotas, los recuerdos... Pienso un momento en la angustia de esta mujer y de estos jóvenes. Pero allí esa angustía no se respira. Hay una tranquilidad enorme, una serenidad sobrecogedora, una conciencia tranquila y tranquilizante.. De vez en cuando , Carmen, la esposa den Teniente Coronel, insiste:

-¡Por favor, que no quiero publicidad! ¡Me horroriza eso de salir en los periódicos! Yo no soy protagonista de nada...

Y, al mismo tiempo, está pendiente de la hora:

-¡Ramón, coge a tu hermano y llévale al Colegio ya! ¡No vais a llegar a tiempo! Y tú, Juanito, no te separes de tu hermano.

Va a hacer diez meses que estuve por primera y única vez en aquella casa. Fue con motivo del Consejo de Guerra por la llamada "Operación Galaxia". En aquella ocasión, la casa, pequeña ya de por sí, estaba repleta de amigos, de compañeros. Allí, sin embargo, entre tanta gente, Antonio Tejero Molina, con su extraordinaria personalidad, con su inmensa humanidad, llenaba aquella casa. hoy noto el vacío, el tremendo vacío, que ha dejado este hombre que hoy espera el Consejo de Guerra en la Prisión de Alcalá de Henares. Todo, sin embargo, sigue igual. Yo no sé cómo serán los hombres del 23 de febrero que pasarán con el Teniente Coronel Tejero a la Historia. Y tampoco sé como serán sus familias. Sé que ésta es una familia sencilla, una familia española que, eso sí, tiene como su mayor orgullo la carrera militar de Tejero.

-Todo lo que ha ocurrido ¿os ha creado problemas?- les pregunto.

-Mira - me dice Carmen- ,hoy esa clase de problemas no tienen importancia. Tenemos, como es lógico, una preocupación. Pero es nuestra.

-Papá - dice Ramón - tiene una única preocupación: la suerte de los suboficiales y Guardias Civiles que fueron con él. Es y fue en todo momento su única preocupación. Fue una de las condiciones para que se rindiera y todavía no están puestos en libertad muchos de los que ya tenían que estar en la calle.


No queremos hablar ninguno d elo ocurrido. Pero está a flor de piel. Como están a flor de piel muchas de las escenas que machaconamente ha pasado la televisión. Quien no conozca a estra familia, no conoce tampoco al Teniente Coronel Tejero. pero yo puedo asegurar que, cuando salí de aquella casa. me sentía empequeñecido, avergonzado, insignificante. Yo no sé lo que cada uno pensará de Antonio Tejero. Yo tengo formado mi juício propio. Y para terminar de moldear un juício hace mucho tiempo formado, me ha abstado estar unas horas con esta famili, con sus problemas, con su entereza, con su esperanza y, al mismo tiempo, con su soledad.


Juan DE ALCANIT


*(Reportaje aparecido en el "HERALDO ESPAÑOL" en la semana del 19 al 25 de marzo de 1981)