Nacionalsindicalismo

En un mundo occidental que tiende ¿por propia 
descomposición del sistema capitalista?, hacia la 
socialización, con bases de justicia, libertad y 
equidad, el Nacional-Sindicalismo queda emplazado como 
solución original hispana, como “una manera de entender 
la vida”, una ideología con bases firmes, desarrollable, 
y unas posturas de clara visión de futuro. 
Qué formas vaya a adoptar el Nacional-Sindicalismo ante 
el futuro es la tarea a la que deberán entregarse 
algunos pensadores. 
Su actualización y desarrollo debe quedar plasmado en 
algo real y duradero. Entretanto, voces 
Nacional-Sindicalistas se elevan en nuestra sociedad 
coincidiendo en la aspiración de garantizar un futuro en 
el que una ideología Española e Hispanoamericana, para 
el pueblo , alcance su concreción sin diluirse en 
promesas ni disimulos. 
Desde elementales definiciones de antiguos libros de 
texto de “Formación del Espíritu Nacional”, muchas veces 
muy discutibles sino erradas, hasta intervenciones 
oratorias de altos personajes de la política Española, 
el Nacional-Sindicalismo, ha llegado a definirse de mil 
y una disparatada manera, quedando desfigurado ante la 
inmensa mayoría del pueblo Español. Unos lo imaginan 
como la doctrina oficial del antiguo régimen, otros, 
como conjunto de anécdotas, más o menos patrióticas, de 
hechos históricos; algunos, como colección de símbolos y 
uniformes, herencia de otras épocas.... 
Muy pocos han hecho lo posible para aclarar cuál es la 
verdadera doctrina falangista, ya sea por malsano 
interés o por total desconocimiento del tema. La 
cuestión es que, a estas alturas, constituye un tema 
poco menos que “tabú” en la sociedad actual Española. 
Por nuestra parte vamos a tratar de hacer un compendio 
sobre lo que es en realidad el Nacional-Sindicalismo, su 
carácter elemental es una invitación a interesarse sobre 
el tema a través de la bibliografía, escasa por cierto, 
que pueda existir al alcance del estudioso. 
La tarea de concretar todos los principios 
Nacional-Sindicalistas en unas pocas líneas, siempre 
deja la duda de si se habrán alcanzado los objetivos 
propuestos. A tu discreción dejamos la respuesta. 
Lo realmente interesante será constatar cómo una 
doctrina, cuyos principios nacieron de un pequeño grupo 
de jóvenes unidos en torno a una modesta publicación “La 
Conquista del Estado”, llegó a arraigar verdaderamente 
en un amplio sector estudiantil y obrero, llegando hasta 
nuestros días con una completa vigencia en todos los 
órdenes. La realidad es que el Nacional-Sindicalismo se 
basa en el simple hecho de lograr que una Nación se 
encuentre y se conozca a sí misma, y por ese camino 
logre regenerarse de un salto. 
España debe ensayar este encuentro consigo misma y ahí 
está una doctrina política que se ofrece, no como 
panacea, sino como guía. 
Creemos que estas líneas que siguen serán interesantes 
no sólo para los afines, sino para los discrepantes, 
pero sobre todo, para “los que sin conocernos persisten 
en juzgarnos”. 
¿QUÉ ES EL NACIONAL-SINDICALISMO? 
Someramente podríamos decir que el Nacional-Sindicalismo 
es la corriente ideológica Española que une, de forma 
coherente e indisoluble, el sentido Nacional Español, lo 
que podríamos llamar “valores espirituales”, con la 
necesidad de un sentido revolucionario en el orden 
social, constituyendo así las bases de una auténtica 
Revolución Española. 
Si vemos que, tradicionalmente, la derecha Española 
presenta una defensa de los valores religiosos y 
patrióticos, observaremos que acostumbra a menospreciar 
los sociales o los económicos, que se constituyen de 
esta guisa en bandera de la izquierda. El 
Nacional-Sindicalismo pretende unir estas dos ideas, la 
Patria y la Justicia Social, Espíritu y necesidades 
materiales, constituyendo un todo doctrinal. 
¿CÓMO SE CONSTITUYÓ REALMENTE? 
Nace aproximadamente en 1.931, aunque, sin llamarse 
Nacional-Sindicalismo propiamente, arranca de 
inquietudes juveniles de algunos años atrás. Cristaliza 
en dos organizaciones pioneras que, paralelamente, 
desarrollarán una acción en dos sectores diversos: el 
laboral y el campesino. 
Un grupo de universitarios y obreros se agrupa alrededor 
de un joven, Licenciado en Filosofía y Letras y Ciencias 
Exactas, Ramiro Ledesma Ramos, y editan una pequeña 
publicación “La Conquista del Estado”, en Madrid. Al 
mismo tiempo, otro pequeño grupo constituye en 
Valladolid las “Juntas Castellanas de Actuación 
Hispánica”. El acuerdo de los dos grupos integrará las 
”Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista” (JONS), en 
1.932, cuyo Jefe será Ramiro Ledesma. 
En 1.933, José Antonio Primo de Rivera aglutinará en 
torno suyo a otro grupo que pasará a constituir una 
entidad denominada “Falange Española” (FE). En 1.934 se 
fusionarán, dando lugar a “FALANGE ESPAÑOLA DE LAS 
JUNTAS DE OFENSIVA NACIONAL-SINDICALISTA”. Como doctrina 
inicial preconizará una “nacionalización de las masas 
obreras”, adoptando el Sindicalismo Revolucionario 
frente a las tendencias Marxistas y Capitalista. Primo 
de Rivera dará verdadera cohesión doctrinal al 
incipiente movimiento, desplazando de la organización a 
elementos derechistas cuyos intereses eran distintos a 
los revolucionarios de la Falange. Apenas sin medios 
económicos, se crearán diversos sindicatos, entre ellos 
el universitario, desarrollando así una acción 
profesional, paralela a la política. Falange Española 
sufrirá durante su corta vida persecuciones por parte de 
la derecha y de la izquierda del Frente Popular, que 
detendrá a sus Jefes, hasta lograr su completa 
clandestinidad. Estallada la guerra, los falangistas se 
sumarán en el lado “nacional” aportando la esperanza de 
una Revolución Nacional-Sindicalista terminada la 
contienda. En 1.937, el Jefe Nacional, Manuel Hedilla 
Larrey, se opone al Decreto de Unificación, por el cual 
se creaba una nueva entidad denominada FET y de las 
JONS, que agrupaba a todas las fuerzas políticas 
participantes en la zona nacional, y es condenado a 
muerte por el delito de rebelión. A partir de este año 
deja de existir jurídicamente FE de las JONS. 
¿ De donde viene el Nacional-Sindicalismo? 
Los primeros Nacional-Sindicalistas, se definían como 
”nietos del 98”, queriendo encontrar en esa Generación 
literaria y política el secreto de la redención de 
España por caminos originales. Podemos decir que el 
Nacional-Sindicalismo será la culminación del “amor 
crítico a España”, de Larra, Ganivet, Costa.... hasta 
desembocar en el “dolor de España” de Miguel de Unamuno. 

Los pioneros del Nacional-Sindicalismo pertenecen 
cronológicamente a las generaciones que se han venido en 
llamar del 27 y del 32, y, como es lógico, la influencia 
de Ortega planea sobre ellos. 
El filósofo José Ortega y Gasset, maestro de Ledesma y 
José Antonio, ejercerá una gran influencia sobre la 
naciente doctrina Nacional-Sindicalista. Su “España 
invertebrada” puede llegar a considerarse como catecismo 
político para esta generación inicial de la Falange. 
En el orden social y político no son extrañas las 
influencias de O.Spengler, Mussolini y Marx. Así, no es 
de extrañar que José Antonio coincida en la crítica de 
Marx al Sistema Capitalista, disintiendo en cuanto a las 
soluciones marxistas. Los sindicalistas, Sorel, R.Owen, 
etc., dejan sobre él, toda la teoría de la lucha obrera. 
No es extraño, ya que la tradición española social es 
sindicalista más que socialista. 
Se puede comprobar advirtiendo que el pensamiento 
joseantoniano evoluciona progresivamente de un 
estatalismo, de influencia italiana, a una tendencia de 
autogestión sindical; son sintomáticas las 
conversaciones con elementos de la C.N.T., reducto 
español del sindicalismo revolucionario, bajo la 
influencia política del anarquismo, y más concretamente 
con el líder Ángel Pestaña, de los llamados 
”treintistas”, creador el Partido Sindicalista 
Independiente. 
Estas dos corrientes, sindicalismo de autogestión o 
socialismo sindicalista, se advierten en la actualidad 
entre algunos sectores Nacional-Sindicalistas; los 
elementos de la juventud falangista se inclinan por la 
primera alternativa, aunque ni unos ni otros pueden ser 
considerados honestamente fuera de la más ortodoxa 
concepción joseantoniana de la economía nacional. 
¿Es una filosofía el Nacional-Sindicalismo? 
Antes que una mera doctrina política el 
Nacional-Sindicalismo se constituye, al igual que el 
marxismo o el fascismo, en una auténtica filosofía 
política, en el doble sentido de construcción 
intelectual arrancando de los fundamentos y “manera de 
ser”; es decir, ante todo, la filosofía como “guía de 
conducta”, como una serie de improntas vitales que debe 
poseer el auténtico falangista y que constituyen su 
”estilo”. 
Esta moral y estilo se transluce en lo que se podría 
llamar una “moral nacional”, edificando un hombre 
distinto, que tenga el trabajo como medio de 
dignificación social; un hombre, al cual la cultura ha 
hecho verdaderamente libre, y que se siente solidario 
con sus semejantes. 
Sin esta “manera de pensar de ser”, carece de 
justificación toda construcción política o económica. 
Toda la filosofía Nacional-Sindicalista queda encerrada 
en los principios que se detallan en los apartados 
siguientes, que constituyen el origen, fundamento y 
desarrollo práctico del Nacional-Sindicalismo. 
¿En qué consiste el sentido “revolucionario” de la 
política en el Nacional-Sindicalismo? 
Las grandes revoluciones contemporáneas han representado 
cambios gigantescos de mentalidad y de costumbres; 
precisamente por ello se han constituido en 
”revoluciones”, no en simples cambios de gobierno o de 
estructuras. Una “revolución” no es el hecho violento de 
las masas en la calle. Precisamente una Revolución 
significa la alteración de un sistema de cosas que se 
han hecho anticuadas o que son injustas, y su 
sustitución por un orden más justo. 
Las dos revoluciones contemporáneas “burguesa” y 
”proletaria”, liberal y marxista, encierran en sí el 
valor de representar dos maneras de pensar y de ser 
completamente distintas, ya que parten de distintas 
bases y, por tanto, articulan la sociedad de distinta 
manera. 
El Nacional-Sindicalismo, nacido como superación 
española de ambas, a las que reputa de “clasistas” y, 
por consiguiente, de incompletas, representa también un 
cambio de mentalidad tan grande que pueda ser el paso de 
la sociedad utilitarista y materialista del Capitalismo 
a una sociedad sindicalista y trascendental: 
Espiritualismo frente a Materialismo. Por muy idénticas 
razones el Nacional-Sindicalismo hace la crítica del 
Materialismo Histórico y Dialéctico de Marx. 
Si bajo el democratismo burgués se vive bajo la 
atmósfera de la política de los profesionales y con el 
comunismo bajo la política del Partido, el 
Nacional-Sindicalismo propone la política del trabajo y 
de la función humana, o dicho de otra forma: en el 
trabajo y en la vida como fundamentos de una política 
nacional e internacional. 
La arquitectura del Estado Nacional-Sindicalista se 
basaría en lo vivencial, familia, municipio, y en lo 
profesional, sindicato, gremio, corporación. Así, el 
fundamento de la democracia Nacional-Sindicalista 
estaría, de una forma básica y real, en aquellos grupos 
naturales de convivencia y de función social, familia, 
municipio, comarca, región, sindicato, etc., siendo 
cualquier otra forma representativa meramente 
complementaria, a modo de cauce de opinión política o de 
control. 
De esta forma, la identificación Individuo-Estado se 
produce por una identidad de fines; el Estado está al 
servicio del ciudadano, ya que está integrado por los 
órganos de convivencia real del hombre, en donde pueden 
plantearse sus necesidades y aspiraciones. 
¿Cómo considera al hombre el Nacional-Sindicalismo? 
El hombre constituye el centro del 
Nacional-Sindicalismo, que se constituye así en 
Humanismo. Frente a la consideración individualista del 
Liberalismo y el colectivismo marxista, el 
Nacional-Sindicalismo propugna la postura personalista; 
es decir, el hombre “en relación con los demás hombres”, 
armonizando así su esfera individual y social. 
Este hombre, según la base cristiana, tiene como 
características inalienables la dignidad y la libertad, 
ya que no es una mera construcción biológica, sino un 
ser trascendente. 
A partir de esta consideración personalista se articulan 
los cimientos de la doctrina Nacional-Sindicalista. 
¿ Y el pretendido “problema religioso” ? 
Ningún hombre, en su esfera individual o social, puede 
prescindir de las preguntas eternas sobre su origen, y 
su fin, en una palabra, sobre su trascendencia. El 
Nacional-Sindicalismo parte de la consideración 
cristiana del hombre, como ya se ha dicho, como ser 
compuesto de alma y cuerpo, de donde se derivan las 
características de dignidad y libertad. 
Sin embargo, no se constituye en ideología confesional, 
en cuanto que, por su carácter político, no debe 
penetrar en ese nivel íntimo que constituye la 
religiosidad del hombre. Esta separación de religión y 
política se ha manifestado desde los orígenes de la 
Falange, pudiendo decir que se adelantó a los acuerdos 
sobre el tema del Concilio Vaticano II. Ni el Estado 
tiene que inmiscuirse en asuntos que no son de su 
incumbencia, ni la Iglesia puede interferir en 
decisiones políticas que caen bajo la esfera temporal 
del Estado. Todo lo más, ya que ambas sociedades tienen 
un sujeto común en el hombre, ciudadano y creyente, 
deben pactarse sus áreas de influencia para evitar 
precisamente las intromisiones. 
El papel de la Cultura y la Educación 
Sólo puede ser verdaderamente libre una sociedad culta. 
El Nacional-Sindicalismo nació en las aulas 
universitarias y sus textos destacan el papel primordial 
de la cultura en toda sociedad. Pero la Enseñanza no 
debe limitarse a expender títulos, sino que sus 
organismos deben ser órganos vivos de formación total. 
La Universidad debe ser un verdadero “ayuntamiento de 
profesores y alumnos” en un régimen de cogestión. 
Todo hombre, por el hecho de serlo, tiene derecho a 
recibir una educación, sin más límite que su propia 
capacidad personal; a estos efectos, creemos que sólo el 
Estado y sus órganos educacionales pueden ofrecer una 
verdadera igualdad de oportunidades, dentro del respeto 
a la libertad individual y familiar. 
¿Qué es la Patria? 
La concepción orteguiana de la Patria como “proyecto 
sugestivo de vida en común”, es tomada en su integridad 
por el Nacional-Sindicalismo. José Antonio la convierte 
en “unidad de destino en lo Universal”. Una Patria no se 
justifica por tener unas mismas características 
raciales, lingüísticas, ni siquiera culturales, sino por 
tener una misión en común que una pueblos diversos, en 
una vasta tarea de integración. 
Por ello es preciso distinguir entre “nacionalismo” y 
”patriotismo”. El Nacional-Sindicalismo no es 
”nacionalista”, ya que no fija sus aspiraciones 
nacionales de unidad en lo nativo, lo espontáneo, lo 
natural, sino en lo intelectual, lo histórico, lo 
difícil de aceptar en sus comienzos, lo fuerte y lo 
duradero (Patria=”Pater”, padre). El “nacionalismo”, 
movimiento romántico que tiende a encerrarse dentro de 
las fronteras, sobre valorando lo propio y despreciando 
lo ajeno, deja paso al verdadero patriotismo, que es 
tanto como decir Universalidad, “empresa junto a otros”. 
Si el nacionalismo es el individualismo de las naciones, 
el patriotismo es la tarea común con o frente a otras 
naciones. 
En este sentido, España tiende a proyectarse hacia sus 
propias áreas de universalidad: como parte de Europa, 
”patria de las Patrias”, integrada por cultura y 
civilización. No se puede considerar seriamente los 
Pirineos como frontera-obstáculo para una integración 
española en el mundo moderno europeo, al que el 
Nacional-Sindicalismo, a través de sus hombres, siempre 
ha considerado como algo más que una mera relación 
financiera. 
Y como parte de la Hispanidad, del mundo sudamericano 
que está despertando, España puede ejercer un papel, 
”destino”, en el mundo moderno, como enlace decisivo 
entre la vieja Europa y la joven América. 
Esta concepción amplia del Patriotismo está sustentada 
en el interior por la diversidad regional, y aún 
comarcal, española, a la que debe darse todo su valor. 
Centralismo no es equivalente a unidad, y España es 
varia y plural, no uniforme. 
¿En qué consiste el Sindicalismo Nacional? 
La herencia del Sindicalismo tradicional español, 
incluso en su vertiente anarquista, se hace patente en 
la visión económica y social del Nacional-Sindicalismo; 
en síntesis podemos decir que éste no es más que la 
nacionalización del Sindicalismo, y si éste se puede 
dividir en “reivindicativo”, que aspira a obtener 
ventajas dentro del sistema, y el “revolucionario”, que 
pretende sustituirlo por otro más justo, el 
Nacional-Sindicalismo nacionaliza fundamentalmente el 
segundo. 
Asimismo un Sindicalismo no es revolucionario en cuanto 
a sus estructuras, sino, ante todo, en cuanto a sus 
principios; la estructura puede variar según lo 
aconsejen las circunstancias, mientras que los 
principios sustentan toda la arquitectura social de la 
Nación. 
El Nacional-Sindicalismo mantiene los siguientes 
principios, a modo de fundamentos de transformación 
social y de creación de una sociedad sindicalista: 
-Relaciones entre capital y trabajo; el Capital es un 
mero instrumento al servicio de la producción, que 
recibe su interés, pero no participa ni en la propiedad 
ni en la gestión. 
-El trabajo es el factor esencial de la producción, 
entendiendo por tal el esfuerzo del hombre para 
transformar las cosas, ya sea mediante el “manual” o el 
”intelectual”. El denominador común de “productor” 
adquiere su verdadera dimensión, al agrupar a todos los 
que de verdad participan con su esfuerzo, no meramente 
con su aportación de Capital, en el proceso productivo. 
-La propiedad de los medios de producción viene 
conferida por el trabajo, no por el capital. El 
Nacional-Sindicalismo confiere la propiedad de tales 
medios no al Estado, socialismo estatal, ni a la 
iniciativa del aportador de capital, Capitalismo, sino 
al trabajador. 
-El concepto de “propiedad”, como “proyección del hombre 
sobre las cosas”, es cambiante en su alcance y 
limitaciones a través de las épocas. El 
Nacional-Sindicalismo lo limita en cuanto a su “función 
social”. Es decir, no es un derecho absoluto, sino 
limitado intrínsecamente a esta función social. 
-Respetando y protegiendo así la verdadera propiedad 
privada, con esta limitación social, se propugnan además 
las formas de propiedad comunitaria, estatal, sindical, 
familiar, comunal, etc. 
-La empresa adopta la forma de Empresa Sindicalista, en 
la que todos los que trabajan en ella, director o alto 
técnico, técnico medio y obrero, participan en la 
propiedad y en la gestión: es por tanto la autogestión 
de la empresa, sin intervención del capitalista ni del 
Estado, la que formaría empresas, verdaderas células 
socio-económicas, resolviéndose en su interior todos los 
problemas en el Sindicato de Empresa, integrado por 
representantes de todos los que trabajan en ella. La 
plusvalía de la producción es asignada al trabajo, 
mediante este Sindicato de Empresa. 
-Las empresas se agrupan por ramas de producción 
integrando los verdaderos Sindicatos Verticales, que son 
los pilares sociales y económicos del Estado 
Nacional-Sindicalista. Son órganos del Estado, pero no 
se trata de que sean “sindicatos gubernamentales”, 
”políticos” o “estatales”, sino de que el Estado es 
Sindicalista. (Se puede comprobar así como la antigua 
Organización Sindical, del antiguo régimen, no fue nunca 
un auténtico “Sindicato Vertical”, aunque así se le 
denominara antaño, ya que se estructuró sin alterar las 
bases injustas de una Sociedad capitalista). 
¿Quién y cómo se aporta el Capital? 
Aparte de las inversiones personales, que no dan 
derecho, como se ha indicado, a la propiedad ni a la 
gestión, debería ser un sistema bancario el principal 
financiador del proceso productivo. 
Pero vemos que el baluarte más sólido del Capitalismo es 
la Banca privada, que llega a dominar toda la producción 
de una país, especulando con un dinero que es de todos 
los ciudadanos. La solución es, pues, socializar el 
sistema bancario; pero ¿a qué nivel debe realizarse esta 
socialización o nacionalización? 
Parece que lo más adecuado, si la arquitectura es 
fundamentalmente sindicalista, es que la Banca sea 
Sindical. Ya en 1.934 José Antonio habla de la creación 
de una Banca Sindical Agrícola y de una Banca Sindical 
Industrial, anulando así el Capitalismo financiero. Esta 
Nacionalización de la Banca, a través de la 
Sindicalización, puede asegurar la pervivencia del 
sistema sindicalista del la Empresa, los Sindicatos y el 
Estado, ya que no tiene que depender del dinero ajeno 
para las necesidades de la producción. 
La sociedad liberal y el Nacional-Sindicalismo. ¿Existe 
la democracia en el Nacional-Sindicalismo? 
El liberalismo, creador de la democracia liberal 
burguesa, tuvo su momento de esplendor al asegurar la 
igualdad de los hombres ante la Ley. Sus consecuencias 
posteriores en el terreno político solamente han sido la 
corrupción pública y la división de las Naciones; la 
pretendida ;democracia; ha quedado reducida al simple 
aparato electoral sin verdad alguna en su base, ya que 
la sociedad se halla en manos de los grupos de presión 
que respaldan a los partidos. 
El Nacional-Sindicalismo pretende un tipo de democracia, 
gobierno del pueblo;, real y efectiva, como se ha 
expresado en los puntos sobre el Estado. Sólo una 
democracia económica puede respaldar una democracia 
política y, bajo el Sistema Capitalista, es inconcebible 
que realmente el pueblo pueda integrar los órganos 
públicos y dirigir, así, por medio de sus auténticos 
representantes, a toda la sociedad representada. 
Por otra parte, el Liberalismo económico ha dado lugar 
al Capitalismo, como se acaba de indicar, y sus formas 
de evolución actual, sociedad de consumo, del bienestar, 
del ocio, etc., no son más que enmascaramientos del 
mismo, con la misma injusticia de base. 
La incompatibilidad de ambos sistemas es clara, aunque 
el Sindicalismo Nacional, tras comprobar la ineficacia 
del apartamiento de la política de otros Sindicalismos 
Revolucionarios (abstención política cenetista durante 
la 2ª República, por ejemplo), debe acudir a plantear su 
desarrollo dentro de las realidades de la sociedad 
capitalista actual. 
¿Es el Nacional-Sindicalismo un socialismo? 
Con respecto al Socialismo Científico o Marxista también 
queda clara su incompatibilidad, en cuanto a sus bases 
esencialmente, Espiritualidad frente a materialismo; 
quizá la semejanza se acentuara al acercarnos a los 
orígenes del primitivo socialismo europeo no marxista. 
Es común oír que el Nacional-Sindicalismo no es más que 
una forma de socialismo. Si se entiende por tal la 
atribución a toda la sociedad de aquellos bienes que 
hasta entonces estaban en manos de privilegiados, tal 
afirmación puede ser cierta. El Sindicalismo sería así 
una forma de socialismo. Podríamos decir que el 
Socialismo sería la especie y el Sindicalismo el género. 

Pero si entendemos socialismo como doctrina de los hoy 
denominados Partidos Socialistas o Socialdemócratas, 
queda bien clara la diferencia entre éstos y el 
Nacional-Sindicalismo. 
¿Es el Nacional-Sindicalismo un fascismo a la española? 
La falta de objetividad y rigor histórico sobre el 
estudio del fenómeno del Fascismo hace preciso 
distinguir previamente el alcance de este término. El 
Fascismo es un movimiento italiano, basado en un 
socialismo nacional, en sus comienzos Corporativismo, 
por un lado, y en una búsqueda de la gloria del antiguo 
Imperio Romano por el otro. Sus bases son, pues, 
originalmente italianas, y no puede constituirse en 
vehículo de exportación. 
Otro tanto podríamos decir del Nacional-Socialismo 
alemán que, con sus aciertos y errores, está plasmado 
para la mentalidad de los pueblos germánicos y basado, 
por tanto, en su tradición y su problemática. 
Vemos, pues, que no se puede hablar rigurosamente de 
fascismo como fenómeno universal, pues si se pretende 
denominar así a todos aquellos movimientos que buscan 
ser la tercera fuerza entre el Capitalismo y el 
Comunismo, uniendo valores patrióticos y 
revolucionarios, nos encontramos con la sorpresa de 
tener que denominar fascistas a una serie de países que 
no se tienen por tales. 
El Nacional-Sindicalismo es, pues, una tercera fuerza, 
pensada por hispanos y para la especial idiosincrasia 
del pueblo hispanoamericana. Ya hemos visto que 
se basa en la actualización del Sindicalismo 
Revolucionario hispano y en aquellos valores patrióticos 
y espirituales propios de España y America del Sur.

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