Nacionalsindicalismo
En un mundo occidental que tiende ¿por propia
descomposición del sistema capitalista?, hacia la
socialización, con bases de justicia, libertad y
equidad, el Nacional-Sindicalismo queda emplazado como
solución original hispana, como “una manera de entender
la vida”, una ideología con bases firmes, desarrollable,
y unas posturas de clara visión de futuro.
Qué formas vaya a adoptar el Nacional-Sindicalismo ante
el futuro es la tarea a la que deberán entregarse
algunos pensadores.
Su actualización y desarrollo debe quedar plasmado en
algo real y duradero. Entretanto, voces
Nacional-Sindicalistas se elevan en nuestra sociedad
coincidiendo en la aspiración de garantizar un futuro en
el que una ideología Española e Hispanoamericana, para
el pueblo , alcance su concreción sin diluirse en
promesas ni disimulos.
Desde elementales definiciones de antiguos libros de
texto de “Formación del Espíritu Nacional”, muchas veces
muy discutibles sino erradas, hasta intervenciones
oratorias de altos personajes de la política Española,
el Nacional-Sindicalismo, ha llegado a definirse de mil
y una disparatada manera, quedando desfigurado ante la
inmensa mayoría del pueblo Español. Unos lo imaginan
como la doctrina oficial del antiguo régimen, otros,
como conjunto de anécdotas, más o menos patrióticas, de
hechos históricos; algunos, como colección de símbolos y
uniformes, herencia de otras épocas....
Muy pocos han hecho lo posible para aclarar cuál es la
verdadera doctrina falangista, ya sea por malsano
interés o por total desconocimiento del tema. La
cuestión es que, a estas alturas, constituye un tema
poco menos que “tabú” en la sociedad actual Española.
Por nuestra parte vamos a tratar de hacer un compendio
sobre lo que es en realidad el Nacional-Sindicalismo, su
carácter elemental es una invitación a interesarse sobre
el tema a través de la bibliografía, escasa por cierto,
que pueda existir al alcance del estudioso.
La tarea de concretar todos los principios
Nacional-Sindicalistas en unas pocas líneas, siempre
deja la duda de si se habrán alcanzado los objetivos
propuestos. A tu discreción dejamos la respuesta.
Lo realmente interesante será constatar cómo una
doctrina, cuyos principios nacieron de un pequeño grupo
de jóvenes unidos en torno a una modesta publicación “La
Conquista del Estado”, llegó a arraigar verdaderamente
en un amplio sector estudiantil y obrero, llegando hasta
nuestros días con una completa vigencia en todos los
órdenes. La realidad es que el Nacional-Sindicalismo se
basa en el simple hecho de lograr que una Nación se
encuentre y se conozca a sí misma, y por ese camino
logre regenerarse de un salto.
España debe ensayar este encuentro consigo misma y ahí
está una doctrina política que se ofrece, no como
panacea, sino como guía.
Creemos que estas líneas que siguen serán interesantes
no sólo para los afines, sino para los discrepantes,
pero sobre todo, para “los que sin conocernos persisten
en juzgarnos”.
¿QUÉ ES EL NACIONAL-SINDICALISMO?
Someramente podríamos decir que el Nacional-Sindicalismo
es la corriente ideológica Española que une, de forma
coherente e indisoluble, el sentido Nacional Español, lo
que podríamos llamar “valores espirituales”, con la
necesidad de un sentido revolucionario en el orden
social, constituyendo así las bases de una auténtica
Revolución Española.
Si vemos que, tradicionalmente, la derecha Española
presenta una defensa de los valores religiosos y
patrióticos, observaremos que acostumbra a menospreciar
los sociales o los económicos, que se constituyen de
esta guisa en bandera de la izquierda. El
Nacional-Sindicalismo pretende unir estas dos ideas, la
Patria y la Justicia Social, Espíritu y necesidades
materiales, constituyendo un todo doctrinal.
¿CÓMO SE CONSTITUYÓ REALMENTE?
Nace aproximadamente en 1.931, aunque, sin llamarse
Nacional-Sindicalismo propiamente, arranca de
inquietudes juveniles de algunos años atrás. Cristaliza
en dos organizaciones pioneras que, paralelamente,
desarrollarán una acción en dos sectores diversos: el
laboral y el campesino.
Un grupo de universitarios y obreros se agrupa alrededor
de un joven, Licenciado en Filosofía y Letras y Ciencias
Exactas, Ramiro Ledesma Ramos, y editan una pequeña
publicación “La Conquista del Estado”, en Madrid. Al
mismo tiempo, otro pequeño grupo constituye en
Valladolid las “Juntas Castellanas de Actuación
Hispánica”. El acuerdo de los dos grupos integrará las
”Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista” (JONS), en
1.932, cuyo Jefe será Ramiro Ledesma.
En 1.933, José Antonio Primo de Rivera aglutinará en
torno suyo a otro grupo que pasará a constituir una
entidad denominada “Falange Española” (FE). En 1.934 se
fusionarán, dando lugar a “FALANGE ESPAÑOLA DE LAS
JUNTAS DE OFENSIVA NACIONAL-SINDICALISTA”. Como doctrina
inicial preconizará una “nacionalización de las masas
obreras”, adoptando el Sindicalismo Revolucionario
frente a las tendencias Marxistas y Capitalista. Primo
de Rivera dará verdadera cohesión doctrinal al
incipiente movimiento, desplazando de la organización a
elementos derechistas cuyos intereses eran distintos a
los revolucionarios de la Falange. Apenas sin medios
económicos, se crearán diversos sindicatos, entre ellos
el universitario, desarrollando así una acción
profesional, paralela a la política. Falange Española
sufrirá durante su corta vida persecuciones por parte de
la derecha y de la izquierda del Frente Popular, que
detendrá a sus Jefes, hasta lograr su completa
clandestinidad. Estallada la guerra, los falangistas se
sumarán en el lado “nacional” aportando la esperanza de
una Revolución Nacional-Sindicalista terminada la
contienda. En 1.937, el Jefe Nacional, Manuel Hedilla
Larrey, se opone al Decreto de Unificación, por el cual
se creaba una nueva entidad denominada FET y de las
JONS, que agrupaba a todas las fuerzas políticas
participantes en la zona nacional, y es condenado a
muerte por el delito de rebelión. A partir de este año
deja de existir jurídicamente FE de las JONS.
¿ De donde viene el Nacional-Sindicalismo?
Los primeros Nacional-Sindicalistas, se definían como
”nietos del 98”, queriendo encontrar en esa Generación
literaria y política el secreto de la redención de
España por caminos originales. Podemos decir que el
Nacional-Sindicalismo será la culminación del “amor
crítico a España”, de Larra, Ganivet, Costa.... hasta
desembocar en el “dolor de España” de Miguel de Unamuno.
Los pioneros del Nacional-Sindicalismo pertenecen
cronológicamente a las generaciones que se han venido en
llamar del 27 y del 32, y, como es lógico, la influencia
de Ortega planea sobre ellos.
El filósofo José Ortega y Gasset, maestro de Ledesma y
José Antonio, ejercerá una gran influencia sobre la
naciente doctrina Nacional-Sindicalista. Su “España
invertebrada” puede llegar a considerarse como catecismo
político para esta generación inicial de la Falange.
En el orden social y político no son extrañas las
influencias de O.Spengler, Mussolini y Marx. Así, no es
de extrañar que José Antonio coincida en la crítica de
Marx al Sistema Capitalista, disintiendo en cuanto a las
soluciones marxistas. Los sindicalistas, Sorel, R.Owen,
etc., dejan sobre él, toda la teoría de la lucha obrera.
No es extraño, ya que la tradición española social es
sindicalista más que socialista.
Se puede comprobar advirtiendo que el pensamiento
joseantoniano evoluciona progresivamente de un
estatalismo, de influencia italiana, a una tendencia de
autogestión sindical; son sintomáticas las
conversaciones con elementos de la C.N.T., reducto
español del sindicalismo revolucionario, bajo la
influencia política del anarquismo, y más concretamente
con el líder Ángel Pestaña, de los llamados
”treintistas”, creador el Partido Sindicalista
Independiente.
Estas dos corrientes, sindicalismo de autogestión o
socialismo sindicalista, se advierten en la actualidad
entre algunos sectores Nacional-Sindicalistas; los
elementos de la juventud falangista se inclinan por la
primera alternativa, aunque ni unos ni otros pueden ser
considerados honestamente fuera de la más ortodoxa
concepción joseantoniana de la economía nacional.
¿Es una filosofía el Nacional-Sindicalismo?
Antes que una mera doctrina política el
Nacional-Sindicalismo se constituye, al igual que el
marxismo o el fascismo, en una auténtica filosofía
política, en el doble sentido de construcción
intelectual arrancando de los fundamentos y “manera de
ser”; es decir, ante todo, la filosofía como “guía de
conducta”, como una serie de improntas vitales que debe
poseer el auténtico falangista y que constituyen su
”estilo”.
Esta moral y estilo se transluce en lo que se podría
llamar una “moral nacional”, edificando un hombre
distinto, que tenga el trabajo como medio de
dignificación social; un hombre, al cual la cultura ha
hecho verdaderamente libre, y que se siente solidario
con sus semejantes.
Sin esta “manera de pensar de ser”, carece de
justificación toda construcción política o económica.
Toda la filosofía Nacional-Sindicalista queda encerrada
en los principios que se detallan en los apartados
siguientes, que constituyen el origen, fundamento y
desarrollo práctico del Nacional-Sindicalismo.
¿En qué consiste el sentido “revolucionario” de la
política en el Nacional-Sindicalismo?
Las grandes revoluciones contemporáneas han representado
cambios gigantescos de mentalidad y de costumbres;
precisamente por ello se han constituido en
”revoluciones”, no en simples cambios de gobierno o de
estructuras. Una “revolución” no es el hecho violento de
las masas en la calle. Precisamente una Revolución
significa la alteración de un sistema de cosas que se
han hecho anticuadas o que son injustas, y su
sustitución por un orden más justo.
Las dos revoluciones contemporáneas “burguesa” y
”proletaria”, liberal y marxista, encierran en sí el
valor de representar dos maneras de pensar y de ser
completamente distintas, ya que parten de distintas
bases y, por tanto, articulan la sociedad de distinta
manera.
El Nacional-Sindicalismo, nacido como superación
española de ambas, a las que reputa de “clasistas” y,
por consiguiente, de incompletas, representa también un
cambio de mentalidad tan grande que pueda ser el paso de
la sociedad utilitarista y materialista del Capitalismo
a una sociedad sindicalista y trascendental:
Espiritualismo frente a Materialismo. Por muy idénticas
razones el Nacional-Sindicalismo hace la crítica del
Materialismo Histórico y Dialéctico de Marx.
Si bajo el democratismo burgués se vive bajo la
atmósfera de la política de los profesionales y con el
comunismo bajo la política del Partido, el
Nacional-Sindicalismo propone la política del trabajo y
de la función humana, o dicho de otra forma: en el
trabajo y en la vida como fundamentos de una política
nacional e internacional.
La arquitectura del Estado Nacional-Sindicalista se
basaría en lo vivencial, familia, municipio, y en lo
profesional, sindicato, gremio, corporación. Así, el
fundamento de la democracia Nacional-Sindicalista
estaría, de una forma básica y real, en aquellos grupos
naturales de convivencia y de función social, familia,
municipio, comarca, región, sindicato, etc., siendo
cualquier otra forma representativa meramente
complementaria, a modo de cauce de opinión política o de
control.
De esta forma, la identificación Individuo-Estado se
produce por una identidad de fines; el Estado está al
servicio del ciudadano, ya que está integrado por los
órganos de convivencia real del hombre, en donde pueden
plantearse sus necesidades y aspiraciones.
¿Cómo considera al hombre el Nacional-Sindicalismo?
El hombre constituye el centro del
Nacional-Sindicalismo, que se constituye así en
Humanismo. Frente a la consideración individualista del
Liberalismo y el colectivismo marxista, el
Nacional-Sindicalismo propugna la postura personalista;
es decir, el hombre “en relación con los demás hombres”,
armonizando así su esfera individual y social.
Este hombre, según la base cristiana, tiene como
características inalienables la dignidad y la libertad,
ya que no es una mera construcción biológica, sino un
ser trascendente.
A partir de esta consideración personalista se articulan
los cimientos de la doctrina Nacional-Sindicalista.
¿ Y el pretendido “problema religioso” ?
Ningún hombre, en su esfera individual o social, puede
prescindir de las preguntas eternas sobre su origen, y
su fin, en una palabra, sobre su trascendencia. El
Nacional-Sindicalismo parte de la consideración
cristiana del hombre, como ya se ha dicho, como ser
compuesto de alma y cuerpo, de donde se derivan las
características de dignidad y libertad.
Sin embargo, no se constituye en ideología confesional,
en cuanto que, por su carácter político, no debe
penetrar en ese nivel íntimo que constituye la
religiosidad del hombre. Esta separación de religión y
política se ha manifestado desde los orígenes de la
Falange, pudiendo decir que se adelantó a los acuerdos
sobre el tema del Concilio Vaticano II. Ni el Estado
tiene que inmiscuirse en asuntos que no son de su
incumbencia, ni la Iglesia puede interferir en
decisiones políticas que caen bajo la esfera temporal
del Estado. Todo lo más, ya que ambas sociedades tienen
un sujeto común en el hombre, ciudadano y creyente,
deben pactarse sus áreas de influencia para evitar
precisamente las intromisiones.
El papel de la Cultura y la Educación
Sólo puede ser verdaderamente libre una sociedad culta.
El Nacional-Sindicalismo nació en las aulas
universitarias y sus textos destacan el papel primordial
de la cultura en toda sociedad. Pero la Enseñanza no
debe limitarse a expender títulos, sino que sus
organismos deben ser órganos vivos de formación total.
La Universidad debe ser un verdadero “ayuntamiento de
profesores y alumnos” en un régimen de cogestión.
Todo hombre, por el hecho de serlo, tiene derecho a
recibir una educación, sin más límite que su propia
capacidad personal; a estos efectos, creemos que sólo el
Estado y sus órganos educacionales pueden ofrecer una
verdadera igualdad de oportunidades, dentro del respeto
a la libertad individual y familiar.
¿Qué es la Patria?
La concepción orteguiana de la Patria como “proyecto
sugestivo de vida en común”, es tomada en su integridad
por el Nacional-Sindicalismo. José Antonio la convierte
en “unidad de destino en lo Universal”. Una Patria no se
justifica por tener unas mismas características
raciales, lingüísticas, ni siquiera culturales, sino por
tener una misión en común que una pueblos diversos, en
una vasta tarea de integración.
Por ello es preciso distinguir entre “nacionalismo” y
”patriotismo”. El Nacional-Sindicalismo no es
”nacionalista”, ya que no fija sus aspiraciones
nacionales de unidad en lo nativo, lo espontáneo, lo
natural, sino en lo intelectual, lo histórico, lo
difícil de aceptar en sus comienzos, lo fuerte y lo
duradero (Patria=”Pater”, padre). El “nacionalismo”,
movimiento romántico que tiende a encerrarse dentro de
las fronteras, sobre valorando lo propio y despreciando
lo ajeno, deja paso al verdadero patriotismo, que es
tanto como decir Universalidad, “empresa junto a otros”.
Si el nacionalismo es el individualismo de las naciones,
el patriotismo es la tarea común con o frente a otras
naciones.
En este sentido, España tiende a proyectarse hacia sus
propias áreas de universalidad: como parte de Europa,
”patria de las Patrias”, integrada por cultura y
civilización. No se puede considerar seriamente los
Pirineos como frontera-obstáculo para una integración
española en el mundo moderno europeo, al que el
Nacional-Sindicalismo, a través de sus hombres, siempre
ha considerado como algo más que una mera relación
financiera.
Y como parte de la Hispanidad, del mundo sudamericano
que está despertando, España puede ejercer un papel,
”destino”, en el mundo moderno, como enlace decisivo
entre la vieja Europa y la joven América.
Esta concepción amplia del Patriotismo está sustentada
en el interior por la diversidad regional, y aún
comarcal, española, a la que debe darse todo su valor.
Centralismo no es equivalente a unidad, y España es
varia y plural, no uniforme.
¿En qué consiste el Sindicalismo Nacional?
La herencia del Sindicalismo tradicional español,
incluso en su vertiente anarquista, se hace patente en
la visión económica y social del Nacional-Sindicalismo;
en síntesis podemos decir que éste no es más que la
nacionalización del Sindicalismo, y si éste se puede
dividir en “reivindicativo”, que aspira a obtener
ventajas dentro del sistema, y el “revolucionario”, que
pretende sustituirlo por otro más justo, el
Nacional-Sindicalismo nacionaliza fundamentalmente el
segundo.
Asimismo un Sindicalismo no es revolucionario en cuanto
a sus estructuras, sino, ante todo, en cuanto a sus
principios; la estructura puede variar según lo
aconsejen las circunstancias, mientras que los
principios sustentan toda la arquitectura social de la
Nación.
El Nacional-Sindicalismo mantiene los siguientes
principios, a modo de fundamentos de transformación
social y de creación de una sociedad sindicalista:
-Relaciones entre capital y trabajo; el Capital es un
mero instrumento al servicio de la producción, que
recibe su interés, pero no participa ni en la propiedad
ni en la gestión.
-El trabajo es el factor esencial de la producción,
entendiendo por tal el esfuerzo del hombre para
transformar las cosas, ya sea mediante el “manual” o el
”intelectual”. El denominador común de “productor”
adquiere su verdadera dimensión, al agrupar a todos los
que de verdad participan con su esfuerzo, no meramente
con su aportación de Capital, en el proceso productivo.
-La propiedad de los medios de producción viene
conferida por el trabajo, no por el capital. El
Nacional-Sindicalismo confiere la propiedad de tales
medios no al Estado, socialismo estatal, ni a la
iniciativa del aportador de capital, Capitalismo, sino
al trabajador.
-El concepto de “propiedad”, como “proyección del hombre
sobre las cosas”, es cambiante en su alcance y
limitaciones a través de las épocas. El
Nacional-Sindicalismo lo limita en cuanto a su “función
social”. Es decir, no es un derecho absoluto, sino
limitado intrínsecamente a esta función social.
-Respetando y protegiendo así la verdadera propiedad
privada, con esta limitación social, se propugnan además
las formas de propiedad comunitaria, estatal, sindical,
familiar, comunal, etc.
-La empresa adopta la forma de Empresa Sindicalista, en
la que todos los que trabajan en ella, director o alto
técnico, técnico medio y obrero, participan en la
propiedad y en la gestión: es por tanto la autogestión
de la empresa, sin intervención del capitalista ni del
Estado, la que formaría empresas, verdaderas células
socio-económicas, resolviéndose en su interior todos los
problemas en el Sindicato de Empresa, integrado por
representantes de todos los que trabajan en ella. La
plusvalía de la producción es asignada al trabajo,
mediante este Sindicato de Empresa.
-Las empresas se agrupan por ramas de producción
integrando los verdaderos Sindicatos Verticales, que son
los pilares sociales y económicos del Estado
Nacional-Sindicalista. Son órganos del Estado, pero no
se trata de que sean “sindicatos gubernamentales”,
”políticos” o “estatales”, sino de que el Estado es
Sindicalista. (Se puede comprobar así como la antigua
Organización Sindical, del antiguo régimen, no fue nunca
un auténtico “Sindicato Vertical”, aunque así se le
denominara antaño, ya que se estructuró sin alterar las
bases injustas de una Sociedad capitalista).
¿Quién y cómo se aporta el Capital?
Aparte de las inversiones personales, que no dan
derecho, como se ha indicado, a la propiedad ni a la
gestión, debería ser un sistema bancario el principal
financiador del proceso productivo.
Pero vemos que el baluarte más sólido del Capitalismo es
la Banca privada, que llega a dominar toda la producción
de una país, especulando con un dinero que es de todos
los ciudadanos. La solución es, pues, socializar el
sistema bancario; pero ¿a qué nivel debe realizarse esta
socialización o nacionalización?
Parece que lo más adecuado, si la arquitectura es
fundamentalmente sindicalista, es que la Banca sea
Sindical. Ya en 1.934 José Antonio habla de la creación
de una Banca Sindical Agrícola y de una Banca Sindical
Industrial, anulando así el Capitalismo financiero. Esta
Nacionalización de la Banca, a través de la
Sindicalización, puede asegurar la pervivencia del
sistema sindicalista del la Empresa, los Sindicatos y el
Estado, ya que no tiene que depender del dinero ajeno
para las necesidades de la producción.
La sociedad liberal y el Nacional-Sindicalismo. ¿Existe
la democracia en el Nacional-Sindicalismo?
El liberalismo, creador de la democracia liberal
burguesa, tuvo su momento de esplendor al asegurar la
igualdad de los hombres ante la Ley. Sus consecuencias
posteriores en el terreno político solamente han sido la
corrupción pública y la división de las Naciones; la
pretendida ;democracia; ha quedado reducida al simple
aparato electoral sin verdad alguna en su base, ya que
la sociedad se halla en manos de los grupos de presión
que respaldan a los partidos.
El Nacional-Sindicalismo pretende un tipo de democracia,
gobierno del pueblo;, real y efectiva, como se ha
expresado en los puntos sobre el Estado. Sólo una
democracia económica puede respaldar una democracia
política y, bajo el Sistema Capitalista, es inconcebible
que realmente el pueblo pueda integrar los órganos
públicos y dirigir, así, por medio de sus auténticos
representantes, a toda la sociedad representada.
Por otra parte, el Liberalismo económico ha dado lugar
al Capitalismo, como se acaba de indicar, y sus formas
de evolución actual, sociedad de consumo, del bienestar,
del ocio, etc., no son más que enmascaramientos del
mismo, con la misma injusticia de base.
La incompatibilidad de ambos sistemas es clara, aunque
el Sindicalismo Nacional, tras comprobar la ineficacia
del apartamiento de la política de otros Sindicalismos
Revolucionarios (abstención política cenetista durante
la 2ª República, por ejemplo), debe acudir a plantear su
desarrollo dentro de las realidades de la sociedad
capitalista actual.
¿Es el Nacional-Sindicalismo un socialismo?
Con respecto al Socialismo Científico o Marxista también
queda clara su incompatibilidad, en cuanto a sus bases
esencialmente, Espiritualidad frente a materialismo;
quizá la semejanza se acentuara al acercarnos a los
orígenes del primitivo socialismo europeo no marxista.
Es común oír que el Nacional-Sindicalismo no es más que
una forma de socialismo. Si se entiende por tal la
atribución a toda la sociedad de aquellos bienes que
hasta entonces estaban en manos de privilegiados, tal
afirmación puede ser cierta. El Sindicalismo sería así
una forma de socialismo. Podríamos decir que el
Socialismo sería la especie y el Sindicalismo el género.
Pero si entendemos socialismo como doctrina de los hoy
denominados Partidos Socialistas o Socialdemócratas,
queda bien clara la diferencia entre éstos y el
Nacional-Sindicalismo.
¿Es el Nacional-Sindicalismo un fascismo a la española?
La falta de objetividad y rigor histórico sobre el
estudio del fenómeno del Fascismo hace preciso
distinguir previamente el alcance de este término. El
Fascismo es un movimiento italiano, basado en un
socialismo nacional, en sus comienzos Corporativismo,
por un lado, y en una búsqueda de la gloria del antiguo
Imperio Romano por el otro. Sus bases son, pues,
originalmente italianas, y no puede constituirse en
vehículo de exportación.
Otro tanto podríamos decir del Nacional-Socialismo
alemán que, con sus aciertos y errores, está plasmado
para la mentalidad de los pueblos germánicos y basado,
por tanto, en su tradición y su problemática.
Vemos, pues, que no se puede hablar rigurosamente de
fascismo como fenómeno universal, pues si se pretende
denominar así a todos aquellos movimientos que buscan
ser la tercera fuerza entre el Capitalismo y el
Comunismo, uniendo valores patrióticos y
revolucionarios, nos encontramos con la sorpresa de
tener que denominar fascistas a una serie de países que
no se tienen por tales.
El Nacional-Sindicalismo es, pues, una tercera fuerza,
pensada por hispanos y para la especial idiosincrasia
del pueblo hispanoamericana. Ya hemos visto que
se basa en la actualización del Sindicalismo
Revolucionario hispano y en aquellos valores patrióticos
y espirituales propios de España y America del Sur.