
La hispanidad y el futuro hispanoamericano
La sustitución del sentimiento católico
por la insolidaridad rousseauniana ha provocado la decadencia de las naciones
hispanas al perder su idiosincrasia.
El nacionalismo es una idea política
que ha tenido diversas concepciones según la práxis nutricia de la que derive.
El fermento nacionalista surgido de
la revolución francesa y derivado del espíritu de la Ilustración defendía la
nación como una comunidad de ciudadanos autónomos que tomaban el pacto de
unirse. El romanticismo liberal produjo, por el contrario una exaltación de las
cualidades étnicas, culturales y lingüísticas que forjaron el mensaje
aglutinador del paneslavismo, pangermanismo y del panturanismo.
Ideas que produjeron movimientos
centrípetos de unión de minorías a países afines a su cultura y raza, pero
prepararon la causa de fragmentación de otros construidos en valores
determinados en la religión y la convivencia histórica.
La Hispanidad no responde a ninguna
de esas concepciones liberales surgidas en el siglo pasado. Por el contrario,
responde más bien a una práxis universalizadora que resulta hija del
catolicismo militante de la civilización española. El sentimiento de
pertenencia a una comunidad permanente como la hispana, de los diferentes
pueblos de América y Oceanía no corresponde a motivos étnicos. El continente
occidental es el fruto de los más diversos mestizajes entre las diversas razas
sin ningún animo, por ello, de discriminaciones entre los diversos componentes
de las sociedades americanas y filipinas.
Los lazos vertebradores de esta
comunidad son la pertenencia a la misma religión , que le da esa idea de
universalidad, que comprenden únicamente los católicos, y la lengua española,
como canal unificador y de comunicación de los más diversos sentimientos.
El liberalismo independentista
fragmentó la comunidad hispana en múltiples naciones, enfrentadas
posteriormente por la instigación de la naciones anglosajonas, empujadas por
intereses económicos, a las cuales han servido las oligarquías criollas.
La sustitución del sentimiento católico
por el insolidaridad rousseauniana ha provocado la decadencia de las naciones
hispanas al perder su idiosincrasia.
El falso indigenismo ha sido otro
enemigo que ha querido desterrar la idea de Hispanidad rompiendo así el lazo de
unión y solidaridad de los países hispanoamericanos. En Perú, fue el
comunismo el que utilizó ese caballo de Troya, en Méjico lo fue el
revolucionarismo proestadounidense.
No obstante, Hispanoamérica será
en el próximo siglo la comunidad más importante de la Civilización y tendrá
la misión de ser uno de sus baluartes.
Esta importancia deberá componer
un renacimiento del espíritu hispano y católico, revalidará a nivel mundial
la alianza de los países hispánicos y la formación de unas élites que
respondan a la idiosincrasia del espíritu nacional de Hispanoamérica, ayudará
a una mejor explotación de los recursos naturales del continente, en
consonancia con el respeto a la naturaleza, ahora esquilmada, y liberará de la
esclavitud y la miseria, a la que ahora están sometidos la gran mayoría de los
trabajadores, propiciando un desarrollo económico compatible con la justicia
social, hija directa del mensaje de la Iglesia.
José Luis Orella
